La ciudad y la ciencia
Por Nora Bär
La Nación
Miércoles 11 de junio de 2008
En los últimos meses, los porteños fuimos conociendo una variedad de planes para mejorar la vida en la ciudad, desde el censo de edificios públicos hasta el bacheo de las calles o el ordenamiento del tránsito, seguramente todos muy importantes.
Sin embargo, si Buenos Aires y otros centros urbanos del país pretenden destacarse en el siglo XXI, tienen por delante un desafío más ambicioso: promover la educación, la ciencia y la innovación e impulsar redes de inteligencia y talento. En suma, convertirse en "ciudades del conocimiento".
Esta es precisamente la meta que se impuso la ciudad de Barcelona, la misma que supo ser uno de los epicentros de "la movida" literaria y artística de la península ibérica y que hoy se consagra a infundir en la sociedad la concepción de que "vale la pena el esfuerzo de aprender, reciclar e invertir en conocimiento" y a desarrollar una cultura ciudadana embebida en la ciencia, como propone Vladimir de Semir en la revista Quark , editada por el Observatorio de la Comunicación Científica de la Universidad Pompeu Fabra.
Tanto la gestión del último alcalde, Joan Clos, como la del actual, Jordi Hereu, convergen en el impulso al "concepto de ciudad del conocimiento como una de las marcas sociales, económicas y políticas" de Barcelona, que a pesar de ser una urbe milenaria (sus primeros rastros se remontarían a finales del Neolítico, hace alrededor de 4000 años) quiere ubicarse en la vanguardia del mundo actual.
Para lanzarse a esta transformación, los catalanes convocaron a especialistas como Richard Knight, uno de los que están pensando las urbes del futuro.
Según cuenta De Semir, él recomendó que la ciudad incentive "la actividad económica densa en conocimiento"; que la sociedad defina y perciba el conocimiento como una forma de riqueza; que el público comprenda la naturaleza de los recursos del conocimiento; y que se cree un entorno que conduzca hacia la innovación, el aprendizaje, la creatividad y el cambio.
"La ciencia es una actividad en la que participan en primera línea científicos e investigadores, pero que debe contar con el apoyo de toda la sociedad", escribe.
Y coincide Hereu: "Disponemos de universidades, empresas, centros de transferencia de conocimiento, centros líderes en investigación y, sobre todo, talento (…) Pero necesitamos que esto impregne de alguna manera a los ciudadanos (…) Sin el interés de la ciudadanía no tendremos suficiente innovación ni suficiente conocimiento (…) para hacer frente a los retos que nos plantea nuestro tiempo".
¿Qué tal? ¿No es una visión que bien podría inspirarnos?
Nora Bär
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